—¿Estás segura
de querer ir? —pregunté mientras me revolvía el pelo con ansiedad tratando de
olvidar así la discusión que habíamos tenido minutos antes.
—Ya te he dicho
que si —dijo ella mirándome enfadada— voy a preparar la maleta.
—Espero que
este viaje nos ayude a empezar desde cero— susurré más para mí que para ella.
Me senté en el
pequeño sofá que aún seguía oliendo al perfume que llevaba puesto, justo el que
yo le había regalado cuando… éramos felices. Me revolví en el sofá con frustración, mientras una lágrima corría
atrevida por mi mejilla; no entendía como habíamos llegado a tal extremo, si
seguíamos así la cosa terminaría y eso es lo que me daba mayor miedo.
Definitivamente las flechas de Cupido con las que una vez la enamoré ya no
funcionaban, y como decía la canción de Chris
Daugthry-Broken Arrows, mis flechas ahora estaban rotas y tan rotas que ni
siquiera yo podía arreglarlas. Esto comenzaba a agotarme psicológicamente
hablando, había hecho mil cosas para solucionar las cosas, hasta una noche
antes de que ella llegará del trabajo preparé una cena sorpresa con un buen
vino, llené la sala de velas e incluso escribí en post-it todos y cada uno de
los momentos que me habían encantado pasar a su lado, y con esa cena vino
el regalo inesperado un viaje a París,
la ciudad de sus sueños.
—Vaya, esto es
increíble — se acercó más aún a la ventana emocionada y con una sonrisa se
quedo mirando la majestuosa punta de la Torre Eiffel, la cual se veía desde
allí.
—Las vistas son
preciosas —dije acercándome aún más a ella, abrazándola por la espalda.
—Me encanta
este sitio, desearía quedarme toda la vida en este ático.
—Me alegra que
te guste cielo. ¿Estás lista para ver la ciudad desde otro punto de vista? —Me
miró sonrió y supe que estábamos empezando a olvidar todo lo pasado en Madrid.
Le devolví la sonrisa incluyendo un pequeño beso en la frente y la cogí de la
mano para llevarla a la calle donde otra sorpresa le estaba esperando.
Cuando llegamos
a la planta de aquel edificio donde viviríamos un par de semanas, el
recepcionista nos entregó dos cascos blancos y me tendió las llaves de lo que
iba a ser nuestro vehículo durando todo el viaje. La miré, nos sonreímos y
sujetándola de la cintura la lleve hasta donde nos esperaba una Vespa 125U de 1953, de color blanco. Nos
montamos en ella y conduje por las calles de París viendo su sonrisa a través del retrovisor, pasamos el Arco del
triunfo, los Campos de Marte, el barrio latino y la última parada fue frente al
río Sena, donde cogimos un barco para ver la ciudad de noche, la Torre Eiffel
brillaba, y los ojos de ella brillaban aun más, era el viaje que estaba
esperando desde niña y se notaba la emoción en su mirada.
Tras la cena en
barco, y un pequeño paseo hasta el ático, decidí que era el momento de
mostrarle a Paula, lo que había estado haciendo hasta tarde en Madrid, aquello
que yo nunca le decía y que provocaba tantas discusiones… me decidí, fui hasta
el antiguo tocadiscos colocado al lado de la inmensa estantería de aquel ático
de lujo e introduje el vinilo, de pronto sonó aquel tango que ella siempre
escuchaba. Me miró tras escuchar el primer acorde de Bust Your Windows, me acerqué a ella, la sujete y comenzamos a
bailar juntos como si lleváramos preparando esa coreografía toda la vida,
una vuelta, una apertura, ochos
sencillos hacia atrás, otra vuelta, un paso a la izquierda… todo era perfecto,
nuestra sincronización, nuestra confianza que se veía al bailar y sobretodo la sensualidad
que desprendía el mismo baile. Al acabar la canción comenzó otro tango y
seguimos bailando con la misma intensidad, esta vez era uno más clásico nos
abrazamos y comenzamos a movernos aún más juntos si se podía.
—Esto es lo que
menos esperaba, ¿Cómo es que sabes bailar Carlos?
—Era una
sorpresa, he estado tomando clases, por eso llegaba tarde a casa y no te daba
explicaciones —le dije abrazándola aún más fuerte.
—Pero… ¿por qué
no me lo dijiste antes? Tantas discusiones y ahora es cuando me lo dices.
—Quería
sorprenderte eso es todo, y por la mirada que has puesto durante todo el baile
parece que lo he conseguido —Me dejó de abrazar y se sentó en la cama cogiendo
la copa de champán que anteriormente había dejado a medias—. ¿No te ha gustado?
—Bailas muy
bien —dijo mientras miraba al suelo arrojando por su garganta lo que quedaba de
aquel burbujeante liquido.
—¿Qué pasa
Paula? —pregunté realmente preocupado por su cambio de actitud.
—Nada es solo
que estoy un poco en shock por esta revelación, espera un momento voy a
desmaquillarme — pronunció bajito mientras se alejaba hacia el baño.
De pronto la pantalla de su iphone se encendió
y ahí lo entendí todo, un mensaje, un solo mensaje de aquel chico al que había
conocido en la academia de tango, un simple texto que aclaraba las dudas que yo
había tenido durante más de tres meses. Aquello la delataba y me sentía
culpable, no eran mis flechas las que estaban rotas era su frágil corazón que
ya estaba hechizado por otro.
Hola preciosa, estoy deseando verte, no
soporto la idea al pensar que ahora mismo estas con él y no conmigo, vuelve
pronto. Te quiere Airam.