Como el carraspeo
de un violín desafinado
llegaste y me
enseñaste a quererte,
y ahora ya no
puedo dejar de mirarte.
Pero estoy en el
muro de tus inseguridades nadando,
con el carraspeo de mi voz sola en la eternidad,
contando las
horas con miedo
imaginado como
poco a poco deslizo mi dedo
alrededor de la
curva de tus labios llenos de intensidad.
Y así me robaste
mi creencia en el amor,
dejando solo a tu
propio temor.
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